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lunes, 13 de junio de 2016

Una tarde aburrida

Analizar, pensar, sopesar, volver a darle otra vuelta…y pensar, y más pensar.
Hay días así, en los que te metes en una rueda de la que no te puedes bajar, que da vueltas y vueltas sin que llegues a ninguna parte. Pero siempre aparece algo que te marca con un destello, aunque sea tenue, el camino que llevabas.
¿Por qué nos empeñamos en hacernos la vida tan complicada? A saber. Quizás porque lo tenemos ya en nuestro ADN incrustado, pero el caso es que las cosas, en la teoría, se manejan siempre de manera sencilla, como el que soluciona los problemas de la política mundial sin separarse de la barra del bar.

A veces, cuando estamos enredados en esa maraña de pensamientos en los que nos dejamos arrastras por la presión, el agobio de las obligaciones, el estrés... todo eso no nos deja ver lo verdaderamente importante. ¿Y qué es? Para cada uno, lo que sea importante…para mí, que estamos aquí dos días contados y que no merece la pena malgastarlos en la mayoría de las cosas en lo que lo hacemos a diario. Que vivimos una vida impuesta, en muchas ocasiones, y no por los de afuera, sino por nosotros mismo, por nuestras barreras mentales. 
Yo me paso el día de pelea con ellas y conmigo mismo desde que decidí coger un avión que aumentase mis inseguridades en mi rutina. Me enredo, me enredo y me dejo arrastrar por la corriente de agobios, de estrés, de obligaciones, y entre medias me pierdo los ratos que tengo para vivir. Malgasto mis días pensando en que venga el día siguiente, o el fin de semana, o las vacaciones, y no me doy cuenta de que el tiempo hasta que eso llega, lo sufro, no lo vivo. Y soy consciente de ello, pero el peso de las cosas me desborda, y me cuesta salir arriba, a tomar aire, porque me vuelvo a meter en la marea de cosas, y no veo que, al final, nado en círculos.
Me fijo en los niños y para ellos, la marea en la que yo nado, es un parque acuático, un mar de oportunidades, de aventuras, de reducir la vida a lo más simple para disfrutarla a tope, y me quedo embobado mirando, y me digo lo tonto que soy.
Porque mañana ya no estamos. De repente un día no estaremos, y solo quedaremos en fotos, y pensaremos en lo tontos que hemos sido, en la cantidad de cosas que hubiésemos hecho diferentes de haber sabido que la vida son dos días, y que es absurdo vivir para sufrir, para amargarnos. Que ya se encargarán otros de hacernos nuestra rutina insufrible y, en el fondo, la mayoría de nosotros, yo mismo, no sabemos ni lo que es pasarlo realmente mal.
Con el nuevo horizonte de la edad, me queda un montón por aprender. El día que sepa disfrutar de un simple rato sentado en un banco, de un café, de una tarde “aburrida” con lluvia fuera…quizás ese día me habré dado cuenta a tiempo de lo cerca que lo tenía. O quizás, sea tarde para haberlo sabido.
Lo que tengo claro es que no me gustaría tener esa sensación de arrepentimiento y estupidez de mí mismo, al verme a lo largo de los años y pensar que debía haber sido de otra manera.
En los momentos complicados dicen que salen las verdaderas emociones. Yo no paso realmente por ninguno de ellos; otros cercanos sí, y quiero que el enredo diario en el que me veo envuelto, me deje decirles a todos que, aunque no estoy a su lado, estoy con ellos, y que lo que más me gustaría sería pasar una tarde aburrida en un sofá, simplemente por el hecho de poder disfrutarla. Tengo que aprender cómo salir del enredo para dedicarme a las cosas importantes. Espero que no me quiten el sofá. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

ASIDEROS

¿Con qué te quedas esencialmente para que tu ánimo y tu espíritu no se despeñen? ¿Qué es fundamental para que las personas podamos encontrar el equilibrio emocional?

Uno siempre busca asideros en su día a día para que no se desmorone el suelo que tiene bajo sus pies. O, al menos, yo lo hago.

Debes quitar demasiada costra, demasiadas capas hasta llegar a la dermis, o más allá,  del asunto. Creo que, en esa búsqueda, todos anhelamos encontrar cariño, felicidad y desarrollo personal. Más allá de esos tres aspectos, existen mil y un matices y estudios psicológicos que uno desconoce pero, el sentido común me dice que, todos queremos que nos quieran y respeten, para, a través del cariño, encontrar la felicidad y sentirnos plenos como personas.

Son tiempos oscuros que hacen que la búsqueda de esas cosas se tenga que hacer en la penumbra, con poca luz, con poca visibilidad, y siempre intuyendo dónde o hacia dónde mirar y si las personas que nos rodean son las adecuadas para encontrar esos pilares básicos.

Creo poder decir que soy afortunado por tener o haber tenido, gente a mi alrededor que me ha aportado, en algún momento, gran parte de la felicidad que me ha permitido no revolcarme por los campos del desánimo. Incluso, estando en ellos, siempre he tenido una mano que me ha levantado.

Todos tendemos a pensar que la familia es lo más importante. Siempre en términos lógicos y bajo criterios preestablecidos de filiación a un grupo fundamental para nosotros. No obstante, cabe matizar que, la familia, en muchas ocasiones, es fuente de dichas, pero también de gran sufrimiento.

En cuanto a las amistades, uno no sabe qué responder a la pregunta de si te eligen o las eliges. Casi es más un pequeño puzzle en el que vas encontrando piezas que encajan y a las que adherirte para reconfortarte, para sentirte parte de un grupo (esa necesidad animal) con el que identificarte. También soy afortunado en ese sentido porque, a lo largo de mi vida, he encontrado y tengo a mi alrededor, personas que contenían esa base fundamental, esas esencia, que uno busca en su deambular vital. Con ellos no solo cueces, sino que enriqueces.

Y es fascinante pensar en las mil casualidades que deben darse para cruzarte con alguien con el que, finalmente, puedas entablar amistad. Pero, además, es más increíble aún lo trabajoso y reconfortante, a la vez, que puede ser mantener esa nueva relación que surgió un día de la nada. Buscas exprimir el asunto, separar el grano de la paja, para quedarte con lo fundamental, lo válido de ese roce, y que eso sea lo que queda en ti, lo que te permite agarrarte para no venirte abajo.

Pero uno no tiene tiempo en el día a día para profundizar tanto en pensamientos tan gordos, tan espesos. Uno lo hace todo de manera mecánica, como conducir o montar en bicicleta. Son esos mecanismos de aprendizaje que nos dan tantos años de evolución y que, cuando das un pequeño paso a atrás, para coger perspectiva, como ahora con esta reflexión, sientes lo importante que son en tu vida, como tu sistema inmunológico, tu capacidad de aprendizaje o tu destreza con los objetos. Algo fundamental para sobrevivir en el día a día. 


Hoy pienso en lo que pierde uno cuando en su día a día, determinadas personas dejan de formar parte de su rutina, y el nuevo abanico de ejercicios interiores que, por ese motivo, se te desvelan y contra los que no sabes si estarás a la altura (intuimos que sí). 

Sería bueno, otro día, reflexionar sobre el conformismo y la rutina, fuentes de aparente seguridad pero de pérdida de evolución.